Mi primera corrección de una traducción automática

La traducción automática

En octubre de 2018 me dieron un encargo bastante interesante: la corrección de una traducción automática en español, con lengua de partida en inglés. Algunos traductores no quieren saber nada de este tipo de encargos, pero yo pienso que las traducciones automáticas están a la orden del día y que de hecho van a aumentar. Esto no significa que las traducciones automáticas sean tan buenas como para poder ser publicadas.  Este no es el caso, y por eso creo que los traductoras y las traductoras tenemos todavía mucho trabajo por delante.

Como ámbito de investigación, la traducción automática se engloba dentro de la lingüística computacional y forma parte de la inteligencia artificial en general. La traducción humana, en cambio, es objeto de la lingüística aplicada.

La postedición (o posedición)

El término técnico para este tipo de corrección que me encargaron se llama postedición o posedición, es decir la edición de un texto después de que este haya sido traducido por una máquina. La siguiente entrada de la agencia ubiqus explica más detalladamente qué es la postedición.

El encargo

El encargo fue un librito escrito en inglés, que el cliente hizo traducir automáticamente al español. El resultado se podía leer y se entendía, pero tenía errores, algunos bastante graves. El texto era sobre el desarrollo de una nueva aplicación para el mundo de las finanzas, y exceptuando algunos términos técnicos, estilísticamente el texto no era demasiado ambicioso.  Pero en general había tres errores que se iban repitiendo:

  1. Como el texto original estaba en inglés, la traducción automática cambiaba continuamente entre y usted, sin ningún criterio evidente. Al editar el texto, decidí usar el para todo el librito, pensando en que el grupo meta es seguramente gente joven e interesada en asuntos financieros.
  2. La traducción automática no podía diferenciar entre sinónimos. Por ejemplo, en el caso de los adjetivos misleading, deceiving y blurring tradujo engañoso tres veces seguidas.
  3. Tampoco puede traducir bien las frases hechas, por ejemplo fresh as a cucumber. En español no se dice fresco como un pepino, sino fresco como una lechuga o bien fresco como una rosa.

Como resumen puedo decir que no creo que los traductores tengamos que tener miedo de  Google Translate, DeepL o de los demás servicios que todavía han de desarrollarse. De hecho puede verse el fenómeno desde la otra perspectiva: que estén aquí es una buena noticia, puesto que tendremos mucho trabajo.

Si quieres saber más sobre el tema y quieres profundizar, puedes leer este artículo (en francés).

Veinte años en Alemania

El año 1998

En verano de 1998 fui a Alemania para estudiar. Mi idea era estudiar dos años más para perfeccionar el alemán y luego volver a Cataluña para trabajar como profesora de alemán.  En esa época no podía prever que esos dos años se convertirían en 2105 en diez años siendo autónoma, y ahora en veinte años con una fantástica familia con dos hijos.

Carrera profesional

Junto con mi vida privada, también se fue desarrollando mi carrera profesional, que se ha dado prácticamente en su totalidad en Alemania. Solo coticé un año en la Seguridad Social española, antes de irme a Alemania. Primero fueron cinco años en Dresde, Sajonia, donde di sobre todo clases de español en escuelas de formación profesional y para adultos, y después en Múnich (a partir de 2003), donde me he convertido en lo que soy profesionalmente: traductora, autora, correctora de textos y profesora, aunque hoy en día doy muchas menos clases que antes.

 

¿Cómo me he adaptado a la cultura alemana?

Tantos años en Alemania dejan sus huellas, y por eso me he adaptado en muchas cosas que no son normales en mi país. Hay muchas cosas que me parecen muy bien y que las hago con toda naturalidad:

  • Los zapatos. Aquí, cuando uno llega a casa de alguien, se quita los zapatos fuera. También se hace en las escuelas. Mis hijos tienen dos pares de zapatillas en la escuela: un par para las horas de clase, y el otro par para el comedor, donde pasan la segunda parte de su jornada después de las clases, para comer y para hacer los deberes.
  • La jornada. Aquí el día empieza muy temprano, y todo está organizado sin pausas largas. Esto significa que se trabaja hasta las cinco o las seis de la tarde, con lo que todo el mundo tiene más tiempo para terminar el día.
  • La “Schultüte”: Es este cucurucho que se ve en la imagen de esta entrada. Lo llevan los niños llenos de regalo el primer día de clase de primero de primaria, y marca el comienzo de su “carrera” como escolares. Como tenemos dos hijos, ya pude ver esta fantástica costumbre dos veces.
  • El tiempo de descanso después de las 20:00 h. Los reglamentos de los bloques de pisos bien valen una entrada a parte. Lo que quiero resaltar aquí es el valor que se da aquí al descanso de los vecino.
  • Brindar. En el brindis alemán, es obligatorio mirarse a los ojos cada vez que brindas con una persona. Al principio era algo muy raro para mí, pero encuentro que la idea es muy bonita: todos tienen que tener en cuenta a todos, nadie se deja de lado.
  • El querido semáforo rojo, los carteles en la calle de que hay niños por la calle (esto tiene que ver con el hecho de que aquí los niños empiezan a ir solos por la calle cuando va a la escuela). Y también las multas. Sí, hace muchos, muchos años, tuve que pagar cinco euros por haber pasado un semáforo en rojo de noche. Aunque no había apenas tráfico porque era de noche, la policía me pilló. No olvidaré nunca ese momento :-)
  • La separación de residuos. Algo que hacemos en casa evidentemente, con los correspondientes cubos. Con los años he visto cómo mis padres lo iban adoptando también, y como se transformaban las ciudades con los diferentes contenedores de colores.
  • La puntualidad, también para encuentros privados, y por supuesto, en los transportes públicos. Yo ya era puntual siendo adolescente, y tenía que esperar muy a menudo a mis amigas. La puntualidad que se practica aquí con normalidad casa mejor con mi carácter, sinceramente.
  • El parpadeo de los ojos cuando dices “hola” o saludas a alguien. Me parece fabuloso cómo los alemanes siempre parpadean los ojos para decirte hola. Yo todavía no lo sé hacer y creo que no lo voy a aprenderlo nunca, pero agradezco que me lo hagan :-)
  • Los cumpleaños aquí no se felicitan nunca antes de la fecha. Da mala suerte. Es una superstición curiosa, pero es así.
  • El pan. El pan alemán. No podría vivir sin él.
  • Como soy madre, mi marido y yo hemos disfrutado de las ventajas de la política familiar de los gobiernos alemanes, sobre todo después de las reformas de Ursula von der Leyen como ministra para la familia, actualmente ministra de defensa.
    Pero a pesar de que me he integrado bastante bien en la sociedad alemana y que me encuentro muy bien en este país, hay algunas cosas que no he cambiado. Por suerte, la siguiente lista es más corta que la primera:
  • Mis apellidos, que he mantenido. Sigo sin entender por qué las mujeres alemanas renuncian a su apellido cuando se casan. Las mujeres no somos niños. Si los hombres lo hicieran en la misma medida como lo hacen las mujeres, de acuerdo, porque la razón objetiva es que la gente aquí solo tiene un apellido y no dos, y en caso de tener niños, estos reciben el apellido común. Pero aunque la ley permite a los dos cónyugues cambiar su apellido por el del otro, el cambio lo siguen haciendo en un 90% las mujeres.
  • Agua sin gas. No me gusta nada el agua con gas, la mayoritaria aquí. Y lo encuentro bastante contradictorio: Alemania tiene una de las mejores redes de agua del grifo del mundo, y sin embargo este tipo de agua aquí se detesta.
  • Café de filtro con nata. No, por favor… A mí que me den un buen cappuccino o un café con leche. Cuando viví en Dresde, hace unos veinte años, solo había café de filtro con nata. Pero desde entonces el panorama de cafés en Alemania ha cambiado mucho y a mejor.
  • Comidas dulces. Mi primer contacto con Alemania fue con 17 años en unas ferias de verano en Bremen. No olvidaré nunca cuando un día de esas dos semanas, y además a las 13:00 h (¡tan pronto!) nos dieron una sopa de color rojo para comer a mediodía. Luego supe que se trata del plato “rote Grütze”, que se hace a base de frutos rojos como las frambuesas.
  • El trato de usted. En mis primeros años de vivir aquí trataba de usted a todo el mundo, porque me costó muchos años entender cuándo se puede ofrecer el trato mutuo del tú. Por suerte, el trato de usted está cambiando bastante y no es tan rígido como cuando yo llegué. Y además, ahora tengo veinte años más y soy una señora respectable :-)

Traductora para un autor autoeditor

La pregunta de un autor que se autoedita sus libros

A finales del año 2017 me llegó una pregunta sorprendente por correo electrónico. Un escritor y autoeditor, es decir un escritor que edita él mismo sus obras, quería que sus libros fuesen traducidos al español y me preguntó por un presupuesto para la traducción de cinco libros, que me enviaba ya con ese correo. Todos los libros eran colecciones de aforismos y sentencias que el autor ya había publicado en alemán.

Después de una interesante conversación digital, nos pusimos de acuerdo en un precio global para cada libro. Hasta el final del año 2017 ya había traducido cinco libros, que él maquetó y editó a continuación. Pueden comprarse como e-books o como libros impresos. El nombre del autor no lo voy a decir aquí, puesto que no sé si quiere ser nombrado por su antiguo nombre. Sus libros en alemán y mis traducciones todavía están en amazon.de y amazon.es.

También nos habíamos puesto de acuerdo en el precio de la traducción de más libros para el año siguiente, con un precio global y fijo, así como una fecha de entrega concreta. En total hubieran sido trece libros.

Las dos sorpresas

Pero a finales de 2017 llegó para mí la primera sorpresa. Para máquinas. No podía traducir ningún libro más. Por qué, no lo sé. Tampoco pregunté por las razones.

Pero esto no fue el fin de las relaciones entre el autoeditor y yo. En marzo de 2018 vino la segunda sorpresa. Tenía tres libros más, también una colección de aforimsos y sentencias. Además, había abandonado su nombre anterior y adoptado uno nuevo: Amandan. Los tres nuevos libros, con título Las sentencias de Amandan, los traduje entre marzo y april de 2018, y pueden comprarse por tomos o como una antología completa (un tomo).

Aquí el enlace a la antología:

Las sentencias de AMANDAN – Antología I.-III. Concebido durante un viaje conmovedor hacia él mismo

Desde entonces solo he traducido algunos textos breves para él, sobre todo para su página (de Amazon). Tengo curiosidad para saber cómo continuará nuestra “relación”, o si continuarà. Él mismo tampoco lo sabe, porque como él mismo dice, “vive [hoy] retirado y hace muy pocas cosas, y si las hace, solo por una alegría espontánea”.

Vamos a ver cuándo vuelve a sentir alegría para escribir más libros y quizás para encargarme de nuevo su traducción. Hasta ahora ha sido una experiencia muy gratificante.